También es complicado el problema de los autores bíblicos. En aquellos tiempos se practicaba con toda normalidad la “pseudonimia”, es decir, un procedimiento que consiste en poner bajo el nombre de un autor ya conocido y consagrado una obra que no le pertenece, para darle más autoridad y prestigio. Es el caso de Isaías (en el libro hay tres “Isaías”, es decir, tres autores distintos), los dos “Zacarías”, es decir, los dos autores que reconocemos en el libro que lleva su nombre, o de algunas de las cartas “apostólicas” atribuidas a un autor pero que no pertenecen a él. Pero el problema es fundamentalmente técnico y leterario, porque desde el punto de vista creyente todos los libros son canónicos, todos son inspirados, todos son Palabras de Dios, independientemente de que los haya escrito el que se presenta como su autor o el que la tradición ha creído su autor.

De Según Tu Palabra nº123