Exceptuados estos dos (Salmos y Cantar de los Cantares), el resto del grupo de libros “sapienciales” encaja perfectamente en el anaquel de los libros de sabiduría. Puede que nos resulten los más extraños de toda la Biblia. Utilizan como formas literarias el proverbio, más que ninguna otra, y también la exhortación de padre a hijo o de anciano a joven, el discurso, los enigmas, los diálogos, los poemas, los relatos y las oraciones. Recogen las reflexiones de aquellos hombres anónimos que dominaban el arte de moverse por la vida con éxito y lo enseñaban a otros.

Todos los temas humanos están presentes en estas reexiones, que se basan en la experiencia diaria y repetida de los que es bueno y conveniente y de lo que es menester evitar. La educación, la honestidad, la astucia, las relaciones con los hijos, con la esposa, con los siervos, con los superiores y con Dios, la amistad, la honradez, la sobriedad, y los vicios opuestos a todas estas virtudes, embiraguez, pereza, destemplanza, soberbia, impiedad, etc. y mil asuntos más ocupan sus páginas. Algunos, como el problema del mal y el dolor y del silencio de Dios, o el sentido de la vida y de la historia, ocupan un lugar preferente, por ejemplo, en el libro de Job y en el Eclesiastés, verdaderos monumentos de la literatura universal.

De Según Tu Palabra nº 126