Si la Palabra de Dios que leemos es la semilla, ser testigo del Evangelio es vivir dando fruto. La lectura del Evangelio, en clave de lectio divina, no pretende que sepas los textos de memoria, sino que tu forma de vida vaya proclamando que Jesús está vivo.

Ser testigo del Evangelio es vivir dando fe de la Buena Noticia de Jesús y contagiar, con obras y palabras, que es verdad que somos hijos de su Padre bueno del cielo.
Hace años, decía el Papa Pablo VI que: “En la Iglesia sobran maestros y faltan testigos”. Muchos cristianos sabemos mejor hablar de Jesús que vivir como Jesús en este mundo de ahora. Hay muchos cristianos que leemos el Evangelio sin vivir al estilo de Jesús.

Ser testigo es predicar con el ejemplo. Hablar desde lo que se vive y cumplir el Evangelio. Ser testigo es vivir construyendo el Reino y formando parte del cuerpo de Cristo.