Todos los que, fascinados por la Palabra de Dios, entran en la escuela de esta Palabra y perseveran en ella, realizan el famoso tema de Orígenes, desarrollado por san Bernardo y otros autores espirituales: «concebir la Palabra en el corazón». Dice Orígenes: «No podrías ofrecer a Dios algo de tu mente o de tu palabra si primero no concibes en tu corazón lo que fue escrito». ¿Qué quiere decir con esto? Que para ser interlocutores válidos de Dios es necesario que la Escritura esté enraizada en nosotros, que la Escritura se haya convertido en nuestra propia sustancia, o, lo que es lo mismo, que Cristo, Palabra de Dios, se haya formado en nosotros. ¿No es ésta la verdadera meta de la «lectura divina» como de todo el conjunto de elementos que integran la vida cristiana? ¡Concebir la Palabra de Dios en el corazón! La Palabra salvadora, acogida en las debidas condiciones, forma a Cristo en nosotros, nos hace, de verdad, cristianos.

“La lectura de Dios”. Aproximación a la lectio divina. García M. Colombás.  Edit. Monte Casino. Pág 89

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