La primera vez que fui a la prisión de Bonxe (Lugo), llamada por el Capellán, me quedé fuertemente admirada: los internos podían ir siempre que deseaban a hablar con el capellán para confesar, pedir un consejo o una ayuda de la clase que fuera. Este hombre de Dios, me dijo un día: antes que nada tenemos que ir a visitar al preso número uno. Le dije ¿está en aislamiento? Ya lo creo, está muy solo y necesita mucho tu amor y tu persona. Mi sorpresa fue cuando junto al despacho entramos en una preciosa y pequeña capilla. Allí vi con sorpresa (en ningún centro penitenciario lo había visto) a Jesús Sacramentado: el Preso Nº 1. Siempre estaba acompañado de algún interno. Así me expliqué el buen ambiente de este centro.

Cada día están acudiendo más y más internos a estos encuentros en silencio y oración, para acercarse a Jesús hecho Pan de Vida para nosotros. Cada vez salen de la oración más radiantes, gozosos, sanados, liberados, iluminados… por aquel por cuyas llagas hemos sido curados, por quien carga también hoy con nuestras dolencias y debilidades, por quien está con nosotros en la fe de que ha venido a sanar los corazones rotos y destrozados de los internos que reconocen a Jesús Sacramentado como el Preso nº 1. Gracias, Señor, bendito seas por tu amor.

Sor Marialuz Ibarz, Hija de la Caridad.

Publicado en “Según tu Palabra” nº 75 año 2012

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