Hoy ha sido muy edifcante echar un buen rato por teléfono y entrar en la vida de oración de Cecilia. Una mujer encantadora que en pocos días va a cumplir 90 años. Lleva tiempo viuda de un buen hombre con quien fue muy feliz. Tuvieron dos hijos y ya son cuatro los bisnietos.


Dice Cecilia que sus hijos le dicen que tiene la cabeza muy bien amueblada”. No le gusta mucho esta expresión y coincidimos en que más bien quiere decir que vive con mucha sabiduría. Ella añade que es su forma de ser y que todo se lo debe a Dios. Por su edad, vive despacio, anda despacio, lleva bastón y habla despacio y dejando hablar. Se explica de maravillas. Es una gran conversadora.


Cecilia es creyente desde joven y vive dando importancia a la vida de oración. Conoció la lectio divina a partir de la revista Según tu Palabra. Se suscribió en un grupo parroquial de Acción Católica el año que empezaba. Pero, en realidad, empezó a practicar la lectio a fondo en las reuniones semanales en un monasterio de monjas jerónimas. En este grupo la Palabra de Dios le tocó el corazón. Cuenta que allí se aprendía mucho y había un buen ambiente de oración. Participaban varias monjas y muchos seglares. Recuerda con admiración y alegría aquellas experiencias y encuentros durante varios años.

Cuando se le pregunta por su práctica personal de la lectio, cuenta que hace la lectura del Evangelio de cada día. Lo hace como vive: muy despacito y apoyándose en los pasos de la revista. Dice que necesita una guía y un apoyo como el bastón para andar. Y añade que así no se le va el santo al cielo, que los pasos ayudan a no enredarse en fantasías y distracciones de una misma que alejan al Señor. Cuando cuenta como hace los pasos se nota que conoce el camino y que vive lo que dice. Da mucho espacio a invocar al Espíritu Santo al empezar. Habla de leer sacando jugo a los textos. Le gusta mucho rumiar frases que llaman su atención. Le hace gracia esta palabra de la digestión de animales. Como pasa mucho tiempo sola y haciendo punto, con frecuencia le vienen a la cabeza frases y dichos de Jesús en las lecturas. La oración no la termina con la lectio. Vive la misa por televisión y suele rezar el Rosario. Y habla mucho con Jesús durante el día, porque sus familiares y amigos le piden frecuentemente que ore por ellos. Se admira de que tantos no creyentes y alejados le pidan tanto que ore por ellos.


Contando cosas del paso vivir la Palabra, le sale un suspiro de dentro y dice «Ay» desde el alma. Habla de la cruz y el sufrimiento. Se le quiebra la voz contando lo que duelen por dentro las cosas de los hijos. Son cosas menudas, íntimas, casi insignificantes, pero que pinchan como alfileres. La peor soledad es la que se vive en compañía de gente que dice mucho que te quiere. Hay cosas de sentirse un estorbo que es mejor no contarlas. Dice que se quedan para el Señor y para ella sola. Y que si no fuera por la fe y la presencia de Dios en el corazón todo sería un camino de locos sin sentido…


Terminamos celebrando que es verdad que hay mucho consuelo y sabiduría en la oración de la vida de Jesús. Terminamos compartiendo que hay mucha luz de su resurrección en las cosas que pasan cada día. Terminamos celebrando la amistad que nos une y el regalo tan grande de la Palabra de Dios que compartimos.


Equipo Semillas