“Podría contar muchas cosas que han ido pasando en mi vida desde que empecé a practicar la oración personal que se aprende en la lectio divina. Conocí esta forma de orar en un grupo de la parroquia, que inició un sacerdote nuevo hace bastantes años. Aquello acabó siendo otra cosa, y cuando se marchó mucha gente dejamos el grupo. Pero, yo seguí haciendo esa oración a mi forma casi todos los días. Han pasado años y por tanto muchas cosas en la vida. Me quedé viuda y con dos hijos con 42 años. Desde entonces todo empezó a ser diferente. Lo pasé muy mal al principio y aprendí mucho. La oración de cada día era en mi punto de apoyo para responder a las cosas de cada día. Empecé a mirar la realidad de la vida con otros ojos y a llevarme mejor conmigo misma. El rato diario de la lectio se ha convertido en algo importante para mí”. Mª Dolores T.