Porque todo lo bueno lleva su tiempo. Porque las prisas son malas consejeras. Porque tomarse el tiempo necesario para cada paso hace posible disfrutarlo más. Porque hay que prepararse y disponerse para todo lo que es importante. Porque la Biblia no se lee como se lee una noticia en un peiódico. Porque para escuchar hay que abrir previamente los oídos. Porque la escucha que tiene lugar en el corazón va de susurros, mociones y emociones. Porque pasar de la Biblia a la vida. Lleva su tiempo. Porque hay que dejar que el mensaje del texto descienda del cerebro al corazón y del corazón a nuestros comportamientos, actitudes, inclinaciones… Porque la sabiduría es tiempo. Porque no valen los automatismos, ni vale con poner el “piloto automático”. Porque es necesario imbuirse en el texto, empaparse de su mensaje, llenarse de lo que el Señor quiere dercirte a través de él.